viernes, 24 de julio de 2015



Tomás Eloy Martínez

Tomás Eloy Martínez

(Tucumán, 1934 - 2010) Narrador, cronista y crítico argentino. Era ya uno de los críticos cinematográficos más importantes de su país (había publicado el ensayo Estructuras del cine argentino, 1961) y jefe de redacción del semanario Primera Plana, cuando irrumpió en la narrativa con su primera obra de ficción, la novela Sagrado (1969), que contó con los entusiastas auspicios de Gabriel García Márquez.
No obstante, Martínez no continuó en la línea mágica y misteriosa de ese texto inaugural, sino que prefirió escribir una estremecedora crónica periodística (La pasión según Trelew, 1974) y una selección de reportajes (Lugar común la muerte, 1979) antes de abordar su segunda obra no ligada a la realidad inmediata: La mano del amo (1991).
Antes de ella, el autor había encontrado la veta intermedia entre ficción e historia, que se convertiría en el género central de su producción, a través del que es su libro más conocido y de mayor difusión internacional: La novela de Perón (1985), en el que partió de las entrevistas que había realizado al líder político, veinte años atrás, cuando éste se encontraba exiliado en Madrid.
TOMAS MARTINEZ AVALOS
PEDAGOGO.- Nació en Guayaquil el 15 de marzo de 1.838. Hijo legítimo de Juan María Martínez Coello nacido por 1.795, maestro mayor de carpinteros, obrero del estado llano que logró superarse a base de su propio esfuerzo, orden en lo económico e inteligencia, hasta llegar a ser propietario de una amplia casa ubicada en la calle del Teatro, única en la ciudad por tener charoladas las paredes interiores de madera que brillaban como espejos; después del incendio de 1.838 construyó casi todas las casas de la calle Real o Panamá, Contratista del edificio del colegio San Vicente del Guayas en 1.848, de cuyo costo de 32.500 pesos no pudieron pagarle los últimos 10.000, que se convirtieron en becas para sus familiares, al año siguiente se fundó en su casa la Sociedad Filantrópica del Guayas que presidió; era una persona de consideración y católico ferviente pues jamás abandonaba su rosario, enorme y proverbial entre el vecindario, y de Dolores Avalos, guayaquileños de Ciudavieja.
Recibió las primeras letras del distinguido Pedagogo y gran amigo de su padre, el Maestro Manuel Demetrio San Pedro, quien fundó en 1.849 la Sociedad Filantrópica del Guayas.
“En 1.851, a la edad de doce años, ingresó como alumno del primer curso de instrucción secundaria del San Vicente del Guayas, que estrenaba el flamante edificio” acabado de construir por su padre y gozó de una beca establecida por el gobierno para los descendientes de él, pues había donado el saldo que le adeudaban por tal construcción.
Entre 1.853 y el 55 fue Secretario de ese plantel, cargo que obtuvo como estímulo por ser el mejor alumno, con ocho pesos mensuales de sueldo. El último año “fue designado profesor alterno de Gramática Castellana y Matemáticas, dada su indiscutible vocación a la enseñanza y su permanente deseo de aprender” y entre otros maestros tuvo al ilustre José Herboso, quien modeló un carácter para el magisterio con pláticas instructivas y ejemplos morales. Cuando cursaba el tercer año de Filosofía una grave enfermedad lo obligó a suspender su brillante carrera estudiantil y en 1.858 contrajo matrimonio con Florinda Mera Escolar. Al ocurrir el bloqueo de Guayaquil por la armada peruana del almirante Mariátegui, “formó con otros jóvenes del comercio el batallón Guayaquil y fue ascendido desde soldado raso hasta sargento mayor efectivo”. En 1.860 estuvo entre los defensores de la ciudad que lucharon en la Casa de las Nieves (frente a la actual vieja Casona Universitaria), luego se replegaron a la plaza de San Francisco y finalmente a la de Santo Domingo, donde terminaron dispersandose. La caída de la ciudad ante las tropas de García Moreno y Flores, el 24 de septiembre de 1.860, lo decidió a dejar la carrera militar.
“Reintegrado a la vida civil fue cajero de la Casa Comercial de Pedro Martíz y allí permaneció hasta 1.862”. Su padre había fallecido un año antes y entonces se decidió a vivir en Santa Rosa, de un modesto negocio industrial que instaló con la pequeña herencia recibida, pero no le fue económicamente bien.
En 1.868 estuvo nuevamente en Guayaquil y fue electo Comandante de la compañía de Bomberos “Avilés”. Poco después se trasladó a Daule ocupado en actividades comerciales, encontrando que la escuela pública no tenía profesor. Los padres de familia le pidieron que la tomara provisionalmente a cargo para no interrumpir los estudios de sus hijos y así lo hizo. Mientras tanto García Moreno dio el golpe de Estado que destituyó al presidente Javier Espinosa y se proclamó dictador. Al conocerse esta noticia en Daule ocurrieron protestas y disturbios, intervino el ejército, Martínez fue acusado de conspirador y sometido a prisión. Sus antiguos jefes interpusieron fianza a su favor y lo liberaron de la pena del destierro, pero tuvo que salir de Daule.
En 1.869 tenía 31 años cuando abrió su establecimiento educacional en Guayaquil con el nombre de “Escuela Privada de Niños dirigida por Tomás Martínez”, en una casa del Malecón y el primer puente, con los alumnos internos, seminternos y Externos que pagaban entre cinco y veinticinco pesos al mes, según fuere con casa, comida y lavado de ropa. El éxito de su enseñanza estaba garantizado como decía el siguiente cartel: “Ningún alumno debe pasar más de un año en una clase y si al final del quinto curso la enseñanza no estuviere a satisfacción del interesado, el Director promete continuarla sin ninguna remuneración, hasta la mejor actitud que sea capaz el alumno. En uno y otro caso, el interesado debe probar, con los recibos correspondientes, que el niño ha asistido sin interrupción. Esta garantía no es extensiva a los alumnos de Contabilidad que entren sin los necesarios conocimientos de Gramática, Aritmética y Caligrafía, circunstancia que se hará evidente con un ligero examen”.
Casi enseguida su escuela cobró prestigio en la ciudad y en el país, por la novedad de su método de enseñanza, que concedía prioridad a la parte contable. La rectitud moral del maestro permitía a las familias la debida confianza para entregarle sus niños internados; lo que, unido al cariño y protección de doña Florinda y sus hijas, hacía que hasta las madres más nerviosas se sintieran tranquilas.
Hacia 1.872 adoptó el Sistema Métrico Decimal que tomó del texto de su maestro Herboso. En 1.874 ingresó a la Sociedad Filantrópica del Guayas. Al año siguiente trasladó su escuela a la esquina del Malecón y la desembocadura del tercer estero, donde dispuso de mayor espacio y un amplio patio y pese a tener casi todo su tiempo ocupado, al punto que casi no tenía relaciones sociales con nadie, desde 1.884 y hasta el 90 fue miembro del directorio de la Filantrópica, ocupando la presidencia en 1.887.
Comenzaba sus tareas a las cinco de la mañana y permanecía al frente de ellas hasta las diez y once de la noche si los internos exigían su vigilancia hasta esos momentos. Amaba los ejercicios gimnásticos y los deportes y aunque el tiempo le quedaba corto hasta para sentarse a la mesa, cuidaba su físico y su musculatura.
Salía a la calle solo dos o tres veces al mes y por muy cortos instantes. Solía enviar recomendaciones por escrito a los padres de familia y siempre notificaba todo cuanto fuere digno de ello. Avisoraba los problemas de cada alma infantil analizando la conducta de sus pupilos, descubría sus talentos y virtudes y si no los tenían, trataba de inculcárselos, formando sus caracteres. Prefería no aplicar medidas severas ni castigos fuertes aunque tampoco olvidaba la palmeta ni las orejas de burro y tenía tan alto concepto del magisterio que aceptando indicaciones de los padres, rechazaba las recomendaciones; pues, los maestros, no son dependientes sino delegados de la autoridad paterna. Y este maestro Victoriano, eficiente y solemne, que honraba su misión, murió de 58 años de edad, a consecuencia de un infarto, el día sábado 24 de marzo de 1.894, a las tres de la tarde, en circunstancia en que iba a salir a la calle con su hija Amalia. Su hijo contaba después que: “Comenzaba a bajar las escaleras cuando se sintió repentinamente mal. Volvió, entró a su dormitorio y se sentó fatigosamente al borde de la cama. Alarmados, lo rodeamos todos. Se llamó al Dr. Julián Coronel, quien apresuradamente llegó en pocos minutos. Yo estaba en la cama, detrás de mi papá, manteniéndole la espalda reclinada en mi pecho; su cabeza la sostenía con mis manos. Después de auscultarlo, el Dr. Coronel me dijo con suavidad: Acuéstale. Yo alcancé a balbucear: Pero...doctor..Su mirada denotaba consternación cuando susurró: ¡Acuéstalo, hijo, tu papá ha muerto!”
“Al día siguiente se efectuaron los funerales, un carro de la compañía Aspiazu del cuerpo de bomberos, especialmente adecuado y cubierto materialmente de flores, fue convertido en carroza fúnebre tirada por sus alumnos y exalumnos que “confundidos en un solo corazón, se disputaban el triste honor de turnarse en tan doloroso deber para con su maestro desaparecido. Los seis tranvías preparados para el acompañamiento, apenas pudieron llevar al cementerio católico una cuarta parte del cortejo fúnebre”.
“De nariz aguileña”, poblado bigote, mirada más bien vaga y de rostro duro, boca grande, ojos y pelo negro ensortijado, rostro trigueño oscuro, innovó los sistemas educativos y abrió nuevos cauces a la pedagogía nacional profesionalizando en contabilidad y comercio a sus egresados, de suerte que pudieran ganarse honradamente la vida.

jueves, 23 de julio de 2015

HISTORIA

La Escuela de Educación Básica "Tomás Martínez" fue creada en 1908 en San Fernando